sábado, 8 de enero de 2011

¿Un mundo sin abejas o sin pesticidas?

Las abejas de todo el mundo están muriendo de forma silenciosa. Millones de abejas desaparecen de las colmenas sin dejar rastro en un tiempo muy pequeño, a veces un solo día, y no vuelven jamás. Este problema, que lleva sucediendo desde 2005, tiene nombre: el problema de colapso de las colonias, o CCD por sus siglas en inglés. El primer lugar donde se dio la señal de alarma fue en Estados Unidos, pero hace tiempo que golpeó a cientos de miles de colmenas en Europa y en el resto del mundo. 



Desde entonces, el número de colmenas ha caído en algunos lugares de Estados Unidos hasta en un 70%, y a pesar de todos los esfuerzos científicos que se están llevando a cabo, aún no se sabe con certeza qué es lo que está causando esta tragedia para la naturaleza. En España, el CCD no ha afectado de manera uniforme a las colmenas, pero en algunas zonas el impacto ha sido devastador: en Galicia las pérdidas han sido de hasta el 50% en los últimos tres años, y en 2007 se perdieron el 35% de las abejas de la miel de la isla de Mallorca.

Las investigaciones apuntan a muchas causas, y los científicos no se ponen de acuerdo en señalar al responsable directo del colapso de las colonias. Por ejemplo, un reciente estudio achaca el declive de las poblaciones de abejas en EEUU, de hasta el 96% en algunas de las especies más comunes, a las enfermedades y a la escasa diversidad genética. Esta grave pérdida de especies de abejas, producida en las dos últimas décadas, se relaciona con el CCD, pero no lo explica.

Una de las hipótesis que se barajan, y la que me ha hecho sacar este tema hoy, es la del uso de algunos pesticidas en la agricultura. El culpable ya ha sido señalado: son los neonicotinoides, uno de los pesticidas cuyo uso está más extendido en la actualidad. Estos pesticidas, formados por neurotoxinas que atacan a los insectos, contaminan todas las partes de la planta que es rociada con ellos, incluyendo el preciado néctar y el polen que buscan las abejas. Numerosas investigaciones demuestran que los neonicotinoides son tóxicos de manera crónica (es decir, que van envenenando lentamente) para las abejas y muchas otras especies polinizadoras, y de hecho algunos países europeos como Francia, Alemania o Eslovenia ya los han prohibido en mayor o menor medida.

El antiguo arte de la apicultura podría desaparecer en pocos años.

Aprovecho está entrada para promocionar una ciberacción que Avaaz inició ayer para pedir a Estados Unidos y a Europa que prohíban los pesticidas, y a la que en menos de un día se han unido más de 340.000 personas. Puedes firmar la petición pinchando aquí.
  
"Múltiples estudios científicos han culpado a un determinado grupo de pesticidas como principales responsables de su rápida desaparición. Cuatro países europeos ya han comenzado a prohibir dichos productos químicos, y las poblaciones de abejas se están recuperando. Pero un número de compañías químicas muy poderosas están ejerciendo una enorme presión para lograr que estos venenos asesinos se mantengan en el mercado. Tenemos ahora una grandísima oportunidad para salvar a las abejas: ejercer presión sobre los EE.UU. y la Unión Europea impongan dicha prohibición. Esta medida es crucial y provocaría un efecto dominó en el resto del mundo."

Es probable que la prohibición de los pesticidas no detenga por completo la desaparición de las abejas, ya que como pasa en muchos problemas medioambientales, las causas son varias y muy complejas. Pero lo que está claro es que la prohibición de los neonicotinoides es fundamental pensando en el Principio de Precaución y teniendo en cuenta que ponen en grave riesgo a las abejas y otros insectos polinizadores.

Puede parecer que no, pero la importancia de estos pequeños insectos, laboriosos polinizadores de las flores y las plantas de nuestro planeta, es colosal. Las abejas polinizan el 90% de plantas comerciales que se cultivan globalmente. Se calcula que un tercio de todo lo que nos llevamos a la boca depende de la polinización que llevan a cabo las abejas, por lo que el colapso en su población mundial tendría consecuencias catastróficas para la humanidad. El valor del trabajo de las abejas está estimado entre 20.000 y 30.000 millones de euros anuales, y cultivos tan variados como los frutos secos, los melocotones, los tomates o el algodón dependen de ellas.

No es sólo la agricultura la que está en riesgo, ya que las abejas también son importantes polinizadoras de plantas silvestres en todo el mundo (alrededor de tres cuartas partes de las plantas del planeta dependen de la polinización animal). El primer nivel de la cadena trófica, las plantas, se sostiene en muchos ecosistemas gracias al trabajo de los animales polinizadores. La desaparición de estos animales dejaría bastante tocada a la vida en la tierra tal y como la conocemos, y seguramente la especie humana no sobreviviría sin las abejas. 

Y en el hipotético caso de que sobreviviésemos, ¿quién querría un mundo sin miel, sin flores, sin primavera? ¿Qué quedaría de esas muchas cosas que hacen buena la vida? 

Para acabar, dos cosas. Una estupenda reflexión sobre el uso de pesticidas, en The Independent. ¿No hemos aprendido nada desde la "Primavera Silenciosa"?

Y también os recomiendo un magnífico documental de National Geographic, "El Silencio de las abejas". Os ayudará a entender el alcance que tendría la desaparición de estos maravillosos animales, imprescindibles para los seres humanos y la vida en la tierra.

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